"No me vendo ni me rindo, yo quiero patria libre o morir"

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Nació el 18 de mayo de 1895, en el pequeño poblado de Niquinohomo, departamento de Masaya. No sólo le tocó pelear contra la oligarquía de su país, sino, además, contra los invasores yanquis que habían ocupado Nicaragua con unos 6.000 marines. Él, fue el líder del pueblo nicaragüense y el general en jefe del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional. Él, fue Augusto César Sandino, uno de los máximos próceres revolucionarios de nuestra historia continental.

Luego de viajar por toda Centroamérica hasta llegar a México, y de trabajar en varias empresas multinacionales estadounidenses que oprimían a los países de la región, Sandino comenzó a gestar una ideología antiimperialista frente a la ocupación de su patria. En 1926 regresó a Nicaragua, en donde estalló en breve una guerra entre los liberales y los conservadores. Sandino se plegó al bando liberal y comenzó a organizar fuerzas militares con la ayuda de los indios zambos y misquitos, quienes integrarían una especie de marina de guerra con botes, llevando por el río guerrilleros, municiones y alimentos.

La guerra interna, fue la excusa que encontraron los yanquis para invadir y ocupar militarmente Nicaragua. De esta forma, los marines impusieron el cese de las hostilidades el 14 de mayo de 1927. Como el acuerdo no contemplaba el retiro de las tropas invasoras, Sandino no aceptó el acuerdo y continuó la lucha. Sus palabras fueron claras y alta su divisa: No me vendo, ni me rindo. Yo quiero patria libre o morir. Y así actuó en los años venideros.

Con esmero y fuerte apoyo popular, conformó un ejército de 6.000 hombres. El 16 de julio de 1927, obtuvo la primera victoria contra las tropas imperialistas en Ocotal. Unos meses después, en El Bramadero, sus hombres aterrorizaron a los marines yanquis al asaltar las posiciones enemigos armados de machetes, con los cuales decapitaron a un número considerable de soldados de los Estados Unidos.

Entre 1927 y 1932, el ejército defensor de la soberanía nacional peleó en más de 500 batallas contra el imperio, al que atosigó hasta vencerlo. En enero de 1933, el exhausto ejército yanqui, debió reconocer su derrota y abandonó Nicaragua. Era la primera vez en su historia, que las orgullosas tropas norteamericanas se rendían y, al igual que décadas después ocurriría en Vietnam, los miembros de ese ejército vencedor, eran el propio pueblo en armas.

Es que el ejército liderado por Sandino, era el pueblo mismo. Así lo reconocería el propio Sandino, al definir que "Este movimiento es nacional y antimperialista. Mantenemos la bandera de libertad para Nicaragua y para toda Hispanoamérica. Por lo demás en el terreno social, este movimiento es popular..."

Días después de la retirada yanqui, Sandino firmó un Convenio de Paz con el presidente Sacasa, quien mantiene varias entrevistas con el líder popular. En la noche del 21 de febrero de 1934, Sandino fue capturado por la Guardia Nacional cuando salía de la casa presidencial. Su captor fue el propio jefe director de la Guardia Nacional, Anastasio Somoza, quien ordenó fusilarlo en el acto.

Esa misma noche, Sandino fue fusilado. Murió para nacer, para ser un mito, un héroe de nuestra Patria Grande. Sandino murió, para cumplir su promesa profética: No me vendo, ni me rindo. Yo quiero patria libre o morir.

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