La batalla de la bandera celeste y blanca

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El 27 de febrero de 1812, Manuel Belgrano, por iniciativa propia y sin esperar autorización del gobierno central, enarboló una bandera celeste y blanca en las barrancas de Rosario, frente a la majestuosidad del Paraná. Inspirado en los colores de la casa de Borbón, Belgrano creó nuestra bandera nacional. Debió pasar casi un año, para que esa bandera obtuviera su primer triunfo en batalla, la batalla de la bandera celeste y blanca.

Luego de aquel primer paso dado por Belgrano, el Primer Triunvirato le recriminó su accionar y lo obligó a guardar su bandera, ya que, supuestamente, todavía estábamos bajo el pabellón español. Es por ello que Belgrano marchó hacia el Ejército del Norte con su bandera plegada y sin poder enarbolarla durante su marcha.

Por lo tanto la bandera celeste y blanca no acompañó al pueblo jujeño durante su sacrificado éxodo jujeño. Tampoco se enarboló aquel 24 de septiembre de 1812, cuando el ejército popular de Belgrano obtuvo la que es, quizás, la victoria más importante de toda la revolución, la de Tucumán.

Tiempo antes, cuando el Primer Triunvirato le había recriminado el hecho de haber enarbolado una bandera propia, Belgrano no se resignó y tan sólo contestó que guardaría la bandera hasta el momento de un victoria. Y esa victoria llegó, fue la de Tucumán. Es por ello que, al momento de iniciar la marcha hacia el norte en procura del enemigo, Belgrano continuó con sus actos de independencia. El día 13 de febrero, sobre el río Pasaje, el ejército formó en parada militar y prestó solemne juramento a la Asamblea Constituyente y a la nueva insignia patria. A partir de aquel día, el río sería conocido como río Juramento.

El ejército continuó hacia el norte, en donde los realistas tenían su cuartel en la ciudad de Salta. Por ser época de lluvias, nadie esperaba que los patriotas avanzaran en esa fecha. Con suma sorpresa, el jefe realista, Juan Pío Tristán se enteró del avance enemigo, a cuya frente marchaba un ex compañero suyo de la universidad de Salamanca, el general Manuel Belgrano.

Mediante una hábil maniobra de distracción, el ejército patriota bordeó la ciudad de Salta y apareció por el norte, proponiendo, con ello, una batalla con frente invertido. En la mañana del 20 de febrero, los 3.700 patriotas, con su bandera celeste y blanca en el centro de la posición, se lanzaron sobre los 3.400 realistas. Fue una dura batalla, con marchas y contramarchas, que sólo se definió con una carga arrolladora de la reserva de Manuel Dorrego.

Al caer la tarde, la totalidad del ejército realista se había rendido. La batalla había sido un triunfo histórico y contundente. Belgrano, patriota de un humanismo sin igual, decidió liberar a todos los prisioneros bajo palabra de no volver a empuñar las armas contra la Patria. La bandera, creada hace 201 años, había tenido su bautismo de fuego victorioso. La victoria, en la batalla de la bandera celeste y blanca.

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