El hombre que está solo y espera

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Nació en Corrientes, un 14 de febrero de 1898, con el nombre de Raúl Angel Toribio Scalabrini Ortiz. Fue, sin lugar a dudas, uno de los mayores exponentes del pensamiento nacional y popular durante el siglo XX. Describió, como nadie, los mecanismos del coloniaje inglés en la Argentina durante la Década Infame. Nuestro país, por aquel entonces, era mucho más que el granero del mundo para Gran Bretaña, era algo así como el hijo bobo del imperio.

A los 4 años, Scalabrini se mudó junto a su familia a Buenos Aires. Raúl creció y se formó en la capital, en cuya universidad se recibió de agrimensor. El claustro universitario fue, por cierto, el lugar en donde el joven Scalabrini comenzó su militancia política, que se inició desde el comunismo, para ir mudando con el tiempo hacia posturas nacionalistas y populares.

En 1923 publicó su primer libro, La Manga, una recopilación de cuentos. Al año siguiente, partió a conocer Europa, cuya sociedad lo desilusionó.

En la Argentina, por su parte, gobernaba la Unión Cívica Radical, que pese a sus contradicciones y límites, había desplegado una serie de medidas en clara defensa de la soberanía nacional. Allí estaba la creación de YPF para atestiguarlo o la valiente posición adoptada en los foros internacionales ante el avasallante imperialismo yanqui.

El golpe de Estado de 1930 contra Hipólito Yrigoyen fue un golpe, no sólo contra la democracia, sino contra el alma de la Argentina. Nunca una época histórica tuvo un nombre tan preciso como el que describe aquellos años en Argentina: la década infame. Y si esa época tuvo a un pensador que la analizó y la describió, ese pensador fue Raúl Scalabrini Ortiz.

En 1931 publicó su ensayo “El hombre que está solo y espera”, un dolorido clamor frente a un país que se caía a pedazos hundido en la pobreza, la ausencia de moral y la desesperanza. Aquellos años iniciales de la Década Infame encontraron a Scalabrini abocado a la tarea de denunciar la situación de una Argentina que era, en verdad, una semi-colonia inglesa.

En 1933 participó de la revolución radical liderada por los militares Bosch y Pomar. Luego del fracaso, debió emigrar a Europa por unos meses. Al regresar al país, se vinculó con FORJA, pequeña usina del pensamiento y la militancia nacional, popular y democrática. Allí estrechó amistad con Arturo Jauretche, Homero Manzi y Gabriel del Mazo, entre otros. Sin llegar a formar parte de FORJA, Scalabrini realizó, desde este espacio, buena parte de sus investigaciones históricas, las que se tradujeron en dos libros claves: Política británica en el Río de la Plata e Historia de los Ferrocarriles Argentinos.

Vivió a la distancia el surgimiento del peronismo, al que siempre apoyó desde una postura crítica. Aquel 17 de octubre de 1945, había comprendido que aquel hombre que está solo y espera, ahora tenía rostro, el rostro de la historia en toda su esplendorosa plenitud.

Raúl Scalabrini Ortiz murió el 30 de mayo de 1959, al hombre, se le había terminado la espera, nacía, para siempre, una leyenda del pensamiento nacional y popular.

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